lunes, 2 de abril de 2012

CONTENIDO.

Es la carta de la alegría cristiana (1,4.8.25; 2,2.17.18.28.29; 3,1a; 4,1.4.10), incluso ante la perspectiva de la muerte (2,28). Otro tema o, mejor, presupuesto del escrito podría enunciarse: "Cristo sobre todo"; lo único que importa es que se proclame y se reconozca su grandeza, sea con una vida de testimonio y de trabajo, sea con la muerte. De ahí la valentía de Pablo (1,20; 2,17) y su indiferencia ante el antagonismo que le muestran algunos (1,15-17). "Si alguien está con Jesús Mesías, no importa que esté contra mí", podría traducirse su actitud (1.18).

Preocupaban a Pablo las faltas de los filipenses, que se dejaban llevar de rivalidades y presunciones (2,1-4). Para remediar las divisiones internas, les propone el ejemplo de Cristo, citando en términos de abajamiento, muerte y exaltación, por la que Jesús recibe el título divino de "Señor".

Los filipenses deben responder a Dios traduciendo en obras la salvación ya concedida (2,12), particularmente mostrando su unión en medio de un mundo dividido; éste es el mensaje de vida propio del testimonio cristiano, y en él pone Pablo el éxito de su obra apostólica (2,14-16). Es de notar la concordia entre el querer y el obrar que Pablo considera normal en la vida cristiana, gracias a la acción de Dios (2,13); es la situación diametralmente opuesta a la del hombre encerrado en sí mismo (Rom 7,15-25) sujeto a la Ley y vencido por los malos instintos (Gál 5,17-18). Sólo el amor fraterno permite acertar con la línea de acción que conviene (1,9-10).

Otro rasgo notable de la carta es su apertura hacia el mundo pagano. Al particularismo judío opone Pablo la comprensión con todo hombre y la estima de lo bueno, dondequiera que se encuentre, sin juzgar con prejuicios partidistas (4,5.8-9). Él mismo se muestra tolerante con los que no están de acuerdo con su doctrina (3,15-16).


En resumen: la vida cristiana, según esta carta, está centrada en Cristo, en el presente (1,21; 3,7-11) y en la esperanza del futuro (1,23: 3,20-21); se manifiesta en el afecto, unión, amor y alegría de la comunidad cristiana (2,2-4; 3,1a; 4,4). Su testimonio ante el mundo es la unión (2,14-16a): su culto, animado por el Espíritu de Dios (3,3), consiste en la fe y en la ayuda al prójimo (2,17; 4,18); no se apoya en observancias sino en la fe en Cristo, por la que Dios salva (3,18-20), y ésta debe de traducirse fielmente en la conducta (2,12; 3,12-14), con la ayuda de Dios (2,13). En esto consiste ser hijo de Dios sin tacha (2,15).

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